Tener información, un elemento curricular – Documento final de Concejo Educativo (“Ver, oír y cuestionar”)

Documento de Concejo en relación con “Ver, oír y cuestionar”, tema eje del curso 2011-2012

“Tener información para poder comprender, desenvolverse e intervenir en el mundo, de forma autónoma y crítica.”

Introducción

Tener información para poder comprender, desenvolverse e intervenir en el mundo, de forma autónoma y crítica.

Es verdad que, en la sociedad del espectáculo, de la información y de las redes sociales, podría parecer que todo el mundo disfruta de la posibilidad de dar la opinión, de participar y de convertirse ellos y ellas mismas en generadoras de información.

Sin embargo, ¿cuál es el alcance de esta intervención? ¿Qué validez tiene nuestra opinión “no informada” ante la toma de decisiones que afectan a nuestra vida y sociedad y entorno, pero que requieren “un conocimiento profundo o más experto”? Es aquí cuando el espejismo se rompe y la falta de información y de conocimiento se convierte en un factor decisivo a la hora de ser considerado persona con capacidad/derecho para opinar. De pronto, para opinar, cuestionar o tratar de intervenir en ciertos ámbitos o tema se te exige no sólo que tengas información de calidad, sino que tengas conocimiento y, dependiendo de qué tema se trate, que pertenezcas al grupo de personas “sabias”.

Por otro lado, al mismo tiempo, tener acceso, incluso con una gran inmediatez, a una enorme cantidad de datos y de información no garantiza que, primeramente, (a) los datos se conviertan en información y, mucho menos, que (b) la información produzca un avance en el conocimiento, ni (c) un cambio en las creencias, pensamiento y formas de actuar de la persona -individual y socialmente- y de percibir el mundo.

Con frecuencia se utiliza el término “información” y “conocimiento” indistintamente. Sin embargo, no obligatoriamente lo uno implica lo otro. Es necesario, pues, hacer, aunque de forma simple, una distinción entre datos, información y conocimiento.
Los datos pueden ser una cantidad, una letra, una palabra, etc. Puede tener un carácter objetivo o subjetivo, cualitativo o más cuantitativo. En sí mismos o de forma aislada no implican información. Sólo relacionados y dentro de un contexto adquieren sentido, convirtiéndose así en información. A diferencia de los datos, la información está organizada con un propósito y potencialmente puede servir para formar al sujeto que la recibe. Para que la información se convierta en conocimiento, se requiere un proceso cognitivo para conseguir apropiarse de la información. El conocimiento existe dentro del sujeto.

Es decir, para obtener información tenemos que ser capaces de descifrar los datos, de entender las características del texto o formato en el que están los datos (un mapa, un diagrama, una noticia, una entrevista…) y eso implica movilizar una serie de contenidos. Para que la nueva información produzca conocimiento es necesario, además, poner en funcionamiento otra serie de conocimientos y procesos de pensamiento más complejos que implica: contrastar, comparar, analizar, establecer conexiones y consecuencias, evaluar la fiabilidad de la fuente o de la información, etc. A partir de aquí, la persona puede convertir su conocimiento en información y datos para ser transmitidos a otras personas, iniciándose, de nuevo, el ciclo de información-conocimiento.

Esto nos lleva a plantear como un elemento esencial dentro del currículo la importancia de “tener información” como un primer paso para poder cuestionar y actuar.

1.- Acotaciones al concepto de información

La información puede ser un término amplísimo que puede abarcar cualquier o gran parte del contenido curricular (conocimiento del medio, Plástica, Tecnología, etc.). No resulta abarcable si se trata de llegar a todas las posibilidades de información y aquí intentamos centrarnos en un concepto más restringido: nos referimos a información como conocimiento del mundo, personal y social. Trabajar la información es aportar datos que ayuden a la persona a desenvolverse o a acercarse al mundo actual.

Cuando nos referimos a información, estamos hablando de saber qué pasa en las múltiples situaciones sociales y personales, desde lo que ocurre en el mundo o en “mis entornos”, hasta saberlo interpretar, pasando por saber buscar informaciones personales que sean útiles en las relaciones, el trabajo, etc.

Es posible que tener información sea un elemento, junto a otros a analizar, que ayude a que cada persona se desenvuelva y relacione en igualdad con otr@s, que pueda tener un poder de decisión o de búsqueda de opciones, al menos, similar.

Existen varios ámbitos relacionados con la información: personal, de actualidad y cultural.

2.- Ámbitos de información: personal, social-actualidad, cultural.

Personal.

La información en el ámbito personal podría entenderse de dos formas.

Por un lado cómo aquella que afecta al ámbito personal: saber cómo hacerse un carné, inscribirse en el paro,…. Por otro, también podría suponer aquella información que se obtiene por vía personal, generalmente oral: entrevistas, solicitud de información (ventanilla, oficina), encuestas, cuestionarios,…

En el ámbito personal partimos, muchas veces de las vivencias. No habría que considerar a éstas fuente o ámbito de información (para que permitan ser trabajadas) hasta que no se convierten en algo consciente, hasta que no se transforman en contenido a estudiar, son objeto de atención, de observación y lugar de reflexión.

– Social-actualidad

Es este ámbito el que se entiende de forma más directa como tener información: saber de los acontecimientos que son noticia, tanto a nivel mundial, como en los entornos más próximos mundiales.
Las fuentes para llegar a esa información serían múltiples: virtuales, redes, medios de comunicación, orales (habría que analizar que conexión y limites tiene respecto a la información de ámbito personal que no se refiere tanto a hechos noticiables).

Cultural

Lo cultural también pasa a ser un ámbito de información en un doble sentido.

Por un lado acercarnos a los hechos culturales supone acercarse a una interpretación del mundo real más pausada, más narrativa, más profunda a veces y con más códigos que el hecho de la noticia. Todo según el formato. Novela, película, obra pictórica o escultórica, etc. Para interpretar una obra cultural será necesario tener las claves de lo que significa y el contexto en que se desenvuelve (tanto si es un libro, de uno u otro tipo,, como si se trata de un cuadro, un graffiti…) y entender que en estos casos el autor o autora y sus puntos de vista, vivencias propias, etc., están más presentes y visibles.

Por otro lado la cultura, los hechos culturales, son parte de esa realidad del mundo que es necesario conocer en toda su variedad.

3.- Información y aceptación por cada persona

El grado de comprensión y de interpretación de la información tiene que ver con la experiencia previa de la persona. Además de la información que recibe la persona explícitamente (el emisor, el tono, la situación, el juicio sobre la intencionalidad…) existe otro tipo de información “extra” que acompaña a la información y que hace referencia a datos adicionales relacionados con la propia información (metainformación) que depende, en buena medida, del entorno socio-cultural y de la interpretación del receptor.

Por tanto, cuando se trabaja la información, habría que hacerlo desde dos puntos de vista: cómo se accede a ella, pero también cómo cambia el pensamiento de cada persona, en qué medida es o no aceptada o cuestionada, de qué manera le hace variar su pensamiento

– La selección de información tiene que ver con el crédito, la empatía y la interrelación que se tenga con la fuente.

A nivel personal, por ejemplo el crédito que se de al profesor/a y la cercanía con la persona que nos da la información, es importante.

También, a nivel social tiene importancia el mediador de la información, el vehículo que nos la hace llegar. Por ejemplo las redes sociales (facebook -twitter-tuenti), se hacen muchas veces más creíbles que otros medios más tradicionales, aunque no haya elementos que prueben lo que en ellas se esté diciendo.

La aceptación de la información también tiene que ver con al situación que vive la persona informada y cómo le afecta (se acepta mejor la información “que me viene bien”)

En muchas ocasiones, el mundo de las creencias cercanas es muy difícil de variar. Eso nos hace, a veces, rechazar informaciones que las contradicen por más evidencias que se presenten. Así se plantea el dilema de cómo hacer, desde el trabajo con la información, que se avance en la igualdad siendo tan difícil cambiar las creencias previas. Quizá el acercamiento personal a diferentes realidades sea el mejor camino, porque en ese tipo de acercamiento se combinan más tipos de lenguajes y de información: personal, de relación, de datos, etc… (Por ejemplo conocer otras culturas)

No obstante, algo nuevo obliga a posicionarse, poner en juego el pensamiento que tienes (aunque sea para reafirmarte en lo que pensabas). Por tanto nos hace madurar.

4.- Planteamiento educativo: llegar al conocimiento

Hay que diferenciar información de conocimiento. Educativamente debemos acercar lo primer a lo segundo.

Llegar al conocimiento implica definir el fin último de la recogida de esa información (comprobar una realidad, construir un medio de comunicación, etc.), para saber lo que se debe hacer con ella.
Los datos informativos muchas veces se quedan aislados de cualquier objetivo, por eso hay que definir bien cual es el fin último. Los datos no deben quedarse ahí, en ser recogidos, sino que deberán integrarse en un conocimiento más general.

Para llegar al conocimiento es necesario reelaborar esa información, marcar un proceso que debe ser entendible y reúne elementos como:

Interpretar datos y relaciones entre ellos (diferenciando dato de concepto)

Reelaborar datos.

Cambiar el formato.

Dar respuesta a algo que pedimos que se haga con esa información.

Establecer una serie de pasos previos y posteriores.

Usar instrumentos de mediación (formas de registrar la información, manipularla…).

Complementar esa información.

Generalizar o transferir el conocimiento aprendido a otros campos.

Con el conocimiento puedes volver a aplicar lo recogido, lo puedes retomar, existe una reelaboración consciente. Con el conocimiento se puede transferir e interpretar.

Otros elementos importantes para desarrollar un trabajo de aula educativo con la información son:

Potenciar la curiosidad, el deseo de información, no dejar un campo como algo cerrado sino algo en lo que se debe siempre seguir explorando. Habrá que cuestionar el conocimiento cerrado siempre, pero más respecto a la información que es un ámbito tan variable.

El trabajo educativo con la información debería ir unido siempre a otro trabajo concreto, para el que la información sea un vehículo, un instrumento, un proyecto que podrá ser muy distinto desde un realización práctica como blog, noticiario, etc., hasta su uso en debates de actualidad, etc.

El objeto final del proyecto deberá ser algo explícito, entendible, que haga entender la funcionalidad de la información que se va a recabar.

El trabajo con la información deberá conservar siempre su relación con la realidad, con el mundo porque se trata de introducir en él al alumnado. En este sentido el profesor/a no puede ser solo el interprete, hace falta acercar la realidad al aula: personas invitadas o interconectadas, colectivos, etc., que estén viviendo o hayan vivido la noticia, acercamiento a las realidades mismas, cuando sea posible, etc.

Una trabajo diferente, en el que es necesario analizar las posibilidades que ofrece, es el de búsqueda y recuperación de información ya previamente almacenada, bien por el mismo trabajo del aula o en otros lugares más o menos lejanos (archivos, “fondos” de internet…)