ç Globalizacin y nuevas formas de violencia [Artículo] - [Concejo Educativo de Castilla y Len]
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Globalizacin y nuevas formas de violencia

Anastasio Ovejero Bernal. Catedrtico de Psicologa Social de la Universidad de Valladolid.

Publicado por Anastasio Ovejero Bernal | 19 de noviembre de 2009

Parte de la ponencia: Globalizacin y sociedad, principales problemas del mundo actual (qu puede hacerse desde la escuela).

Dicha ponencia fue presentada en el primer Encuentro de los Proyectos de Intervencin en Centros del curso 2009 - 2010 . En ella se trataba de enmarcar el mundo en que se ubica la Escuela en la actualidad y, en una segunda parte, ver cmo sta debe actuar.

Introduccin: qu es realmente la globalizacin?

La globalizacin, trmino que el Diccionario de la Real Academia Espaola incorpora en su 22 edicin (2001) y de la que dice que es la “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensin mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”, es, estrictamente hablando, la mundializacin de la economa y la cultura, es decir, la interconexin e interdependencia, tanto a nivel econmico como a nivel cultural, entre todos los pases del mundo. En este sentido, la globalizacin ni es algo nuevo. Pero es a finales de los ochenta del pasado siglo XX cuando una serie de fenmenos y de acontecimientos le dan su significado actual y su mxima altura, hasta el punto de que casi sera errneo -o al menos exagerado- llamar globalizacin a lo anterior. En efecto, es ahora cuando las economas de todo el mundo son realmente interdependientes unas de otras, y desde luego mucho ms que nunca en el pasado. La cada del Imperio Sovitico consagr, al menos temporalmente, al capitalismo como nico sistema econmico mundial. Por esos aos, como ya vimos, el avance del neoliberalismo fue restando poder a los Estados con la consiguiente consecuencia de desregulacin, eliminando las fronteras para el capital y para los productos, pero mantenindolas, y ms que nunca, para las personas. Al mismo tiempo -y tal vez lo ms importante- la revolucin tecnolgica ha hecho posible el que cada da circulen y cambien de manos nada menos que dos billones de dlares, lo que facilita la globalizacin financiera, que sin duda es uno de los aspectos ms importantes y peligrosos de la situacin actual, como luego veremos. A la vez, esas mismas tecnologas permiten la interconexin cultural a nivel planetario. Por consiguiente, la globalizacin va ms all de la economa, afectando profundamente a la poltica, a la cultura y hasta al medio ambiente. Es ms, hasta podramos decir que la actual globalizacin, gestionada por una ideologa abiertamente ultraliberal, afecta ante todo a la poltica, hasta el punto de que los efectos negativos y hasta dramticos que est teniendo la globalizacin no son intrnsecos a ella misma sino que dependen ms bien de la forma concreta en que est siendo gestionada. Y, como luego veremos, es precisamente contra esa gestin contra lo que protestan airadamente los millones de personas que, de una u otra manera, se enrolan en el mal llamado movimiento antiglobalizacin, gestin claramente ademocrtica, pues la voluntad popular es sustituida por la voz de los pocos mandatarios que forman parte de organizaciones internacionales como el FMI, el BM (Banco Mundial), la OMC (Organizacin Mundial del Comercio) o el G-7 (grupo de los siete pases ms ricos del planeta). Como dice Joaqun Estefana (2003, pg. 30), “lo central es que es un proceso que no hemos decidido las personas, que no hemos votado y que, no hacindolo, nos perjudica como ciudadanos (aunque en muchos casos nos alegre como consumidores). Lo principal es que nos distancia de la participacin ciudadana, nos anestesia de lo pblico, de lo colectivo”. Es por esto por lo que Bourdieu sealaba que la esencia del neoliberalismo es un programa de destruccin de las estructuras colectivas cuando stas pueden convertirse en un obstculo para el avance de la lgica del mercado puro. La lgica neoliberal pretende “construir un orden social cuya nica ley sera la bsqueda del inters egosta y la pasin individual por el beneficio” (Bourdieu, 1998, pg. 3), es decir, claramente la ms brutal e inhumana insolidaridad, una de cuyas consecuencias, naturalmente, es incrementar la desigualdad, la pobreza y la exclusin social. Y de ah derivan las principales consecuencias negativas de la actual globalizacin, del intento neoliberal de distribuir muy desigualmente la riqueza producida por la globalizacin, lo que est llevando a una profundizacin en las desigualdades Norte-Sur y a un progresivo empobrecimiento de la mayora de los pases del Tercer Mundo, as como a una peligrosa dualizacin social dentro de los propios pases ricos, formando grandes bolsas de pobreza y hasta miseria fundamentalmente en las zonas rurales y sobre todo dentro de las grandes urbes (Cuarto Mundo). Pero de ah deriva tambin la principal debilidad de la globalizacin neoliberal: si se hace contra los ciudadanos, stos, antes o despus, se opondrn frontalmente, lo que explica el alto inters del poder por demonizar al movimiento antiglobalizacin, as como por desviar la atencin hacia enemigos externos (Irak, etc.). De hecho, estn apareciendo ya fuertes discrepancias entre la OMC y los intereses y hasta las costumbres culturales locales, como est ocurriendo principalmente en el caso de los alimentos transgnicos, tema en que existe un enfrentamiento frontal entre Estados Unidos y Europa. ”Lo nico que va a conseguir el gran boicot europeo contra los productos modificados genticamente es poner en evidencia la debilidad subyacente tras la globalizacin y los actuales protocolos comerciales que la acompaan. En la lucha desatada entre el poder comercial mundial y la resistencia cultural local, la polmica de los alimentos transgnicos podra ser el botn de muestra que nos obligue a replantearnos las bases mismas del proceso de globalizacin” (Rifkin, 2003, pg. 14.

As, pues, aunque la globalizacin se ha visto facilitada por el desarrollo de la revolucin tecnolgica, fundamentalmente en el campo de la informacin (vase Castells, 2000, 2001a, 2001b), lo que realmente le ha dado las caractersticas que ahora tiene y la ha llevado a las perversas consecuencias que est implicando, ha sido la ideologa ultraliberal que la rige y sus polticas abiertamente ademocrticas. Ms en concreto, la coincidencia en el tiempo de la desaparicin de la Unin Sovitica, con la consiguiente percepcin del triunfo definitivo del capitalismo neoliberal que en aquellos momentos (1989-1991) dominaba en Estados Unidos y en Gran Bretaa, y de la explosin de la revolucin tecnolgica, fue la principal responsable de que el proceso de globalizacin trado por esa revolucin tecnolgica fuera gobernado, y lo siga siendo, por una poltica neoliberal que desconfa profundamente de la democracia, llegando a afirmar que las presiones de los ciudadanos a favor de sus propios derechos y su resistencia a la prdida de tales derechos entorpece el funcionamiento del engranaje del mercado. Por ejemplo, el neoliberal Gary S. Becker, premio Nobel de Economa, declarara explcitamente: “Slo los Estados que se encuentran institucionalmente protegidos frente a estas presiones pueden resistir, y los Estados democrticos no lo estn”. Y es que el nuevo dios de la globalizacin neoliberal es el mercado, y a l debe sacrificrsele todo (derechos laborales, regulacin internacional..., hasta la misma democracia). El mercado es el nico dios y el beneficio el nico principio de comportamiento tico y moral. En consecuencia, “si la globalizacin depende ms de los mercados que de las decisiones de las personas (directamente o a travs de los representantes libremente elegidos), se pone en cuestin el concepto mismo de democracia, tal y como lo conocemos... Si los mercados son los que mandan, devienen en el poder fctico por excelencia del siglo XXI. Hay un desplazamiento de poder desde los gobiernos a los mercados” (Estefana, 2003, pg. 37). Y es que, como afirma Joseph Stiglitz (2002), premio Nobel de Economa de 2000 y nada menos que ex vicepresidente del Banco Mundial, nos encontramos actualmente en plena dictadura y fundamentalismo del mercado.

Consecuentemente, como yo mismo deca en otro lugar (Ovejero, 2002), la palabra globalizacin es una absoluta mentira en s misma y una total e hipcrita falsedad. Como sostiene Chomsky (2001), es la imposicin ideolgica, poltica y econmica de las grandes multinacionales, fundamentalmente estadounidenses, haciendo que volvamos a la ley de la selva aunque, tambin sta, llamada ya de otra manera: ley del mercado. De hecho, decir globalizacin es casi tanto como decir “norteamericanizacin”, en el sentido de sometimiento al imperio estadounidense y en concreto a sus grandes multinacionales: tal vez los tres principales smbolos de la globalizacin sean Coca-Cola, MacDonald’s y la CNN. Algo similar escriba no hace mucho el psiclogo social Jos Ramn Torregrosa en el peridico iberoamericano Hoy (27 de abril de 1999), al afirmar que la globalizacin es un proyecto ideolgico para desarmar a los pases que van a verse sometidos, prolongadamente, a la subordinacin. La globalizacin posee algn fundamento que tiene que ver con la tecnologa que se ha universalizado; el capital encuentra cada vez menos restricciones a su libertad de movimiento, pero ms all del universalismo de la tecnologa no cabe duda de que se trata de una coartada para reafirmar una dominacin que se inicia con la formacin del mundo capitalista”. Sin embargo, la expansin del mercado global est generando grandes problemas sociales, al menos porque el desarrollo capitalista no es igualmente aplicable en todos los pases y todas las regiones, sea cual sea su idiosincrasia y su nivel de desarrollo (Gray, 1998). En esta misma lnea, el citado Stiglitz (2002) hace un diagnstico contundente: “La globalizacin actual no funciona”. No funciona a nivel laboral, pues provoca desempleo, precariedad laboral, etc.; no funciona a nivel social, pues cada vez hay ms personas excluidas; ni tampoco funciona a nivel poltico, pues la democracia se est viendo cada vez ms debilitada. Como escribe el socilogo alemn Ulrich Beck (1998), prximo a la “tercera va” pero ms sensible que Giddens a los problemas generados por la llamada “nueva economa”, “los empresarios han descubierto la nueva frmula mgica de la riqueza, que no es otra que capitalismo sin trabajo ms capitalismo sin impuestos” . Eso es actualmente la globalizacin.

Ahora bien, para entender bien qu es realmente la globalizacin, sera conveniente distinguir entre mundializacin y globalizacin propiamente dicha: mientras que la primera sera algo ms puramente tcnico y neutro, la progresiva interdependencia de las economas de todos el mundo , la segunda sera algo claramente ideolgico . En efecto, la actual Revolucin Tecnolgica est, ya no haciendo posible, sino facilitando y casi hasta exigiendo una fuerte interdependencia entre todos los pases. Y esta interdependencia no es slo econmica, sino tambin cultural, poltica y hasta ecolgica. Sin embargo, ello, que no tiene por qu ser negativo, est siendo gestionado por los vencedores de la guerra fra, el capitalismo internacional, principalmente el norteamericano, de la mano de las grandes empresas transnacionales, con lo que, adems de haber terminado con el Estado del Bienestar y sus principales caractersticas (pleno empleo, seguridad social generalizada con lo que ello supona de sanidad y enseanza de calidad y gratuitas, subsidio de enfermedad y de desempleo, pensiones dignas, etc.), ha dado lugar a nuevos y serios problemas (reconozco que algunos de ellos no son nuevos en sentido estricto pero s adquieren hoy da nuevas y peligrosas connotaciones, etc.). Digamos que la mundializacin no es algo negativo e incluso que, bien gestionada, podra ser altamente positivo, pero que tal como es gestionada por los vencedores de la tercera guerra mundial, la guerra fra, que tuvo lugar entre 1945 y 1990 , es profundamente daina para miles de millones de los habitantes del planeta y para el planeta mismo, como luego veremos.

Ahora bien, si en casi todos los pases del mundo occidental, y en cada vez ms pases del resto del mundo, el sistema poltico imperante es la democracia, aunque sea meramente formal, que, como es bien conocido, se rige por elecciones libres, cmo es posible que se apoye a un sistema que slo beneficia a un 20% de la poblacin, y en sentido estricto a unos pocos millones de personas, mientras que se perjudica al 80%? Cmo es posible que se defienda en las urnas un sistema en el que los ricos son cada vez ms ricos y los pobres cada vez ms pobres? La razn es sencilla: como siempre, como en todos los sistemas, sobre todo los ms injustos, slo una ideologa muy concreta puede dar cuenta de tal situacin. sa ideologa no otra que el neoliberalismo , que haramos mejor en llamar ultraliberalismo , y que es la ideologa que justifica y hasta legitima el “nuevo orden social mundial” y que sirve para enmascarar las grandes injusticias que provoca tal sistema y los mltiples y serios problemas que produce, como enseguida veremos.

Y eso sera la globalizacin, el sistema mundial (econmico, cultural y poltico) que se basa en la apropiacin por parte de una minora de la poblacin mundial de las enormes riquezas producidas por la Revolucin Tecnolgica, desplazando a buena parte de la humanidad del disfrute de las riquezas y a menudo hasta de la mera utilizacin de las nuevas tecnologas (recordar slo que ms de 4.000 millones de personas nunca han hecho una llamada telefnica, y que son muchos ms an los que jams han visto un lavaplatos o han utilizado un ordenador) y que para conseguirlo est introduciendo en el mundo del trabajo cosas como unas cada vez ms altas tasas de desempleo, una cada vez mayor precarizacin laboral, una ya larga reduccin salarial (por ejemplo en Estados Unidos los trabajadores sin cualificar han visto reducirse sus salarios desde 1973), etc.

Como dije antes, los ricos son cada vez ms ricos y los pobres cada vez ms pobres .

El contenido de esta ideologa neoliberal, que por ser hoy da dominante, su xito descansa en el hecho de que la mayora de personas la hemos internalizado en mayor o menor grado y que, como ocurre con todas las ideologas, ni siquiera somos conscientes de que nos est influyendo, podra ser resumida en estas siete premisas, que, juntas, constituyen lo que se viene llamando pensamiento nico :

1)El mercado debe dominar absolutamente sobre la poltica y, por tanto, sobre las personas: la ley del mercado es la nica que debe regular las relaciones entre las empresas y sus trabajadores;

2) El beneficio econmico es lo nico que cuenta;

3)Un gran descrdito de lo pblico precede a una de sus premisas bsicas que no es otra que la necesidad de privatizar las empresas pblicas, lo que no significa otra cosa que un autntico expolio de lo que es de todos por unos pocos;

4)Mnima intervencin de los poderes pblicos, elegidos democrticamente, en los asuntos econmicos, puesto que es el mercado el nico que debe intervenir, imponindose as una dictadura del mercado y del capital financiero y un consiguiente empobrecimiento y debilitamiento de la democracia; A ello debe aadirse dos nuevos rasgos, esencialmente psicolgicos estos o, mejor dicho, psicosociales:

5)Progresivo individualismo (cada uno debe ocuparse slo de s mismo y de sus propios asuntos y desentenderse de las dems personas). Con ello los nuevos amos del mundo consiguen dividir a sus posibles oponentes. Adems este individualismo se ve facilitado por las mismas tecnologas nuevas como la televisin, el walkman, el mvil, el automvil frente al transporte pblico, etc.);

6)La creencia de que la competicin siempre es buena, caiga quien caiga y pierda quien pierda, tanto dentro de cada pas (de esta manera est surgiendo un Cuarto Mundo dentro de los pases ricos) como a nivel internacional (con el paulatino e imparable empobrecimiento de los pases ms atrasados). De todo ello se deriva el surgimiento de algunos nuevos problemas que afectan a cada vez ms personas a nivel planetario y el acrecentamiento de otros que, sin ser nuevos, estn adquiriendo unas proporciones y unas caractersticas tales que podemos considerarlos como nuevos o, al menos, como propios de la actual globalizacin neoliberal.

Principales problemas del mundo actual

Ninguna definicin ni clasificacin de cualquier clase puede pretender ser inocentes. Siempre se oculta detrs alguna ideologa y, a veces, incluso tambin intereses concretos. Tampoco pretendo yo ser neutro aqu. Por el contrario mi posicin est clara y no es otra que una ideologa abiertamente igualitarista, solidaria y libertaria, que adems defiende que la educacin, la cooperacin y el pensamiento crtico de los ciudadanos siguen siendo instrumentos tiles para resolver los problemas que nos plantea este siglo XXI recin estrenado, y que, por consiguiente, la psicologa y ms an la escuela tienen mucho que decir todava para la solucin de tales problemas, como aqu intentar mostrar. Pero es tan vertiginosa la velocidad a la que est transcurriendo la historia durante las dos o tres ltimas dcadas que sera presuntuoso por mi parte, y hasta irresponsable, pretender adivinar cules van a ser los principales problemas durante el siglo XXI, cuando ni siquiera sabemos si la especie humana seguir existiendo a final de esta centuria. Me conformo, pues, con perfilar algunos de los ms serios a que debemos enfrentarnos durante los primeros aos, a algunos de los cuales dedicaremos sendos captulos, entre los que estn los siguientes:

1) Profundizacin en las diferencias Norte-Sur : me parece poco discutible que estamos ante el principal problema del mundo actual. Ciertamente, las diferencias entre pases pobres y pases ricos, desgraciadamente, no es algo nuevo, pero s es cierto que la actual globalizacin est empeorando muy sustancialmente la situacin de miles de millones de ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo, particularmente del Sur. La falta de tiempo me impide dar muchos datos. Veamos slo uno: cada da mueren en el mundo unas 50.000 personas (cada da!), la mayora nios menores de cinco aos, por hambre o por enfermedades fcilmente curables. Por ejemplo, las grandes multinacionales farmacuticas ya no fabrican ciertos frmacos porque ya lo les es rentable fabricarlos ya que las enfermedades que curan slo afectan a unos cuantos miles de millones de pobres del mundo;

2)Inmigracin : la dramtica situacin econmica y social que estn atravesando docenas y docenas de pases lleva a millones de sus habitantes, sobre todo jvenes, a pretender mejorar su existencia, para lo que intentan viajar a los pases ricos del Norte, pagando para ello un alto precio, a menudo incluso con su propia vida. Y cuando llegan al mundo rico, los que lo consiguen, son brutalmente rechazados de las ms variadas maneras, producindose altas tasas de racismo y de xenofobia.

3) Progresivo empeoramiento de las condiciones laborales en los pases ricos: el neoliberalismo est empeorando muy sustancialmente las condiciones de vida laboral de los trabajadores - y ms cuanto menos cualificados profesionalmente estn- de los pases ricos (desempleo, precarizacin del trabajo, desregulacin laboral, despido libre, reduccin salarial, etc.), lo que est teniendo importantes consecuencias sobre las formas de vivir y de pensar de los hombres y mujeres occidentales.

4)Incremento del acoso psicolgico en el trabajo: el trmino mobbing o maltrato psicolgico en el trabajo (algunos llegan incluso a llamarlo “psicoterrorismo”) est comenzando a formar parte, desgraciadamente, de nuestro lenguaje cotidiano. A medida que la sociedad se hace ms democrtica y los abusos y maltrato fsico no estn permitidos, ms se acude al acoso o maltrato psicolgico, que por ser ms difcil de demostrar, se est generalizando en el mundo laboral, como veremos ms detenidamente maana.

5) Violencia contra los jvenes, las mujeres y los menores : la violencia -y no slo simblica- contra los jvenes proviene principalmente de la situacin de provisionalidad, cuando no de marginacin, en que se tiene a millones de ellos como consecuencia de que, como es bien conocido, el desempleo y la precarizacin laboral les afecta muy particularmente -as como a las mujeres- dificultndoles e incluso con frecuencia impidindoles desarrollar proyectos de futuro para sus vidas, no pudiendo hacer, en muchsimos casos, ningn tipo de proyecto laboral y profesional, lo que con frecuencia les impide hacer ni siquiera proyectos de pareja y menos an proyectos de familia.

En cuanto a las mujeres, stas son especial blanco de la poltica laboral del neoliberalismo afectndoles particularmente el desempleo, la precariedad laboral y la pobreza. En efecto, la reduccin de los gastos sociales, aspecto central de las polticas neoliberales, echa ms tareas y ms trabajo sobre las espaldas de las mujeres. Veamos un par de datos al respecto: 1) Las mujeres representan la mitad de la poblacin mundial, pero proporcionan las dos terceras partes de las horas trabajo, mientras que, por otra parte, slo ganan una dcima parte de la renta nacional; y 2) la mayor parte del trabajo de las mujeres es gratuito y no es contabilizado en la economa mundial. Adems, justamente para permitir la compatibilidad de la reduccin de salarios y del el mantenimiento del consumo de las familias, se ha potenciado la incorporacin de las mujeres al trabajo asalariado (porque trabajar, trabajaron siempre, y mucho). Y tal incorporacin se da justamente en el momento en que peores condiciones laborales existen, adems de que tales malas condiciones de trabajo afectan ms an a las mujeres (precariedad de los contratos, desempleo, bajos salarios, etc.).

Por ltimo, la nueva violencia contra los menores, que, ms que nueva, es, tambin ella, una vuelta atrs, se refleja principalmente en el trabajo infantil. Dado que este tema no le veremos, me extender un poco ms aqu. Segn el informe publicado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en noviembre de 1996, unos 250 millones de nios entre los cinco y los catorce aos trabajaban por un salario en los pases en vas de desarrollo, de los cuales 120 millonnes lo hacan a tiempo completo. De ellos unos 153 millones estaban en Asia, 80 millones en frica y 17,5 millones en Amrica Latina, siendo frica la que posee la incidencia ms elevada de trabajo infantil, en torno al 40% de los nios entre los cinco y los catorce aos. Y tales cifras no hacen sino elevarse a medida que la globalizacin neoliberal va imponindose, existiendo cada vez ms trabajo infantil tambin en los pases ricos, sobre todo en Estados Unidos (vase Dumaine, 1993) y en Gran Bretaa (vase Lavalette, 1994). Y peor an es, sin duda, la situacin de “los nios de la calle” en muchos pases iberoamericanos. As, un estudio de 1989 sobre los nios de la calle de Ro determin que 14,6% vivan solos en las calles, sin sus familias, de los que el 80% eran ya adictos a drogas. Y peor an, si cabe, es la situacin de las nias, que trabajan principalmente en el mbito domstico, frecuentemente expuestas a abusos de todo tipo. As, unos cinco millones de nios estn empleados como trabajadores domsticos en Indonesia y medio milln en Sri Lanka. Una proporcin sustancial de trabajadores domsticos infantiles son muy jvenes; el 24% en Bangladesh y el 26% en Venezuela tenan menos de diez aos. Estas trabajadoras domsticas tienen jornadas incluso de entre diez y quince horas diarias bajo abuso fsico, mental y sexual (OIT, 1996, pg. 15).

Pero el factor ms importante del empleo de nios parece ser su indefensin , que conduce a una imposicin relativamente fcil de una paga mnima y atroces condiciones laborales. Sin embargo, como afirma el citado informe de la OIT (1996, pg. 20), puesto que los nios no poseen una cualificacin irreemplazable y con frecuencia no son mucho menos costosos que los adultos, parece que una importante explicacin para contratarlos no es econmica, sino que reside en el hecho de que los nios son menos conscientes de sus derechos, menos problemticos y son ms dciles, estando ms dispuestos a aceptar rdenes y a realizar un trabajo montono sin quejarse. “Los nios como mano de obra lista para usar y tirar es la ltima frontera de la sobreexplotacin en el capitalismo global interconectado” (Castells, 2001b, pg. 188). De hecho, aade Castells (2001b, pgs. 192-193), “existe un vnculo sistmico entre las caractersticas actuales , incontroladas, del capitalismo informacional y la destruccin de las vidas de un gran segmento de los nios del mundo. Lo nuevo es que estamos presenciando una inversin dramtica de las conquistas sociales y los derechos de los nios obtenidos por las reformas sociales en las sociedades industriales maduras a raz de la desregulacin a gran escala y el soslayamiento de los gobiernos por parte de las redes globales. Lo nuevo es la desintegracin de las sociedades tradicionales en todo el mundo, que deja a los nios indefensos en la tierra de nadie de los barrios bajos de las megaciudades. Lo nuevo son los nios de Pakistn tejiendo alfombras para la exportacin mundial a travs de las redes de proveedores de los grandes almacenes de los mercados opulentos. Lo nuevo es el turismo global masivo organizado en torno a la pedofilia. Lo nuevo es la pornografa electrnica en la red a escala mundial. Lo nuevo es la desintegracin del patriarcado, sin que sea reemplazado por un sistema de proteccin infantil a cargo de nuevas familias o del Estado. Y lo nuevo es el debilitamiento de las instituciones de apoyo a los derechos de los nios, como los sindicatos o la poltica de reforma social, para ser reemplazados por admoniciones morales sobre los valores familiares que con frecuencia culpan a las propias vctimas de su situacin”.

6) Manipulacin informativa: si las anteriores “nuevas” formas de violencia no son nuevas del todo, pero una serie de circunstancias realmente nuevas, unidas a la actual gestin neoliberal de la globalizacin, les proporciona muchas caractersticas novedosas as como eleva su frecuencia a niveles realmente obscenos, lo mismo ocurre con la manipulacin informativa, que tampoco es nueva en absoluto, pero que algunos rasgos del actual momento histrico hacen de ella algo bien diferente de la conocida anteriormente, sobre todo estos tres rasgos: la gente cada vez se expone durante ms tiempo al mensaje de los medios de comunicacin de masas (por ejemplo, los espaoles vemos la televisin una media de entre tres y cuatro horas diarias); la progresiva concentracin empresarial en esos medios de comunicacin, de forma que entre muy pocas empresas controlan ms del 80% de los mensajes que nos llegan; y, finalmente, al ir vacindose de contenido las democracias modernas y quedarse en sus aspectos formales, se convierten en demagogia, donde la propaganda lo cubre todo. En este contexto, la manipulacin informativa no es la excepcin sino la regla (vase Ramonet, 1998; Saunders, 2001; Garca Mostazo, 2003). Un ejemplo claro lo podemos ver en la manipulacin informativa que utiliz Estados Unidos para justificar primero guerra del Golfo y luego la invasin de Irak. Conocidos son ambos casos. As, respecto del primero, como escriba recientemente El Pas (1 de febrero de 2003), el 10 de octubre de 1990, dos meses despus de la invasin iraqu en Kuwait, una adolescente kuwait de 15 aos, simplemente identificada como Nayirah, apareci ante la Cmara de Representantes norteamericana para denunciar los horrores de la ocupacin irak. Con lgrimas en los ojos, describi cmo los soldados haban irrumpido en el hospital en el que ella trabajaba como voluntaria y, “con armas y pistolas, sacaron a ms de trescientos nios de las incubadoras y los dejaron morir en el suelo”. Tres meses despus empezaba la guerra, y ya tena una “justificacin” ms, de tipo emocional. De hecho, esta historia de las incubadoras fue ampliamente utilizada por el entonces presidente Bush para convencer a una opinin pblica opuesta a la guerra. Slo despus se supo la verdad: Nayirah era hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, Saud Nasir al Sabh, y su testimonio, que result ser falso, haba sido cuidadosamente preparado por una de las mayores firmas internacionales de relaciones pblicas, Hill and Knowlton, para lo que seleccionaron cuidadosamente “los mensajes que ms podan conmover a los estadounidenses”.

7) Problemas ecolgicos: si unimos el dominio del mercado sobre cualquierotrointersysobrecualquierotrovalor con el hecho de que lo nico que cuenta es el beneficio econmico a corto plazo para los inversores, no es de extraar que quien sale perdiendo, adems de los pobres del mundo, sea precisamente el propio planeta, la naturaleza, de tal manera que la deforestacin, la desertizacin consiguiente, la eliminacin de cientos y cientos de especies animales, el calentamiento de la tierra, el cambio climtico, la reduccin de la capa de ozono, etc. puedan ser considerado como un problema autnticamente de nueva violencia de la actual globalizacin, pues supone una clara violencia contra los pobres del mundo que padecen estos problemas sin disfrutar de las conductas que los producen (posesin de automvil o de ordenador, tener aire acondicionado, etc.) y sobre todo contra las generaciones venideras.

8) La nueva esclavitud: si algn lector an tiene dudas sobre si son o no son modalidades especialmente dramticas de violencia las que hemos visto hasta ahora, imagino que pocos dudarn de que es indiscutiblemente violencia lo que se hace con aquellas personas sometidas literalmente a la condicin de esclavos, como les ocurre actualmente a millones de personas. Aunque, dado que la esclavitud constituye un negocio ilegal, las cifras que se dan no pueden ser totalmente fiables, sin embargo un autntico experto en este campop, Kevin Bales (2000), calcula que actualmente hay en el mundo 27 millones de esclavos, y que viven en unas condiciones infinitamente peores a las que tuvieron los esclavos de otras pocas (vase sobre este tema el excelente tratado de Hugh Thomas, 1998). Dado el dramatismo de este “nuevo fenmeno”, que creamos desterrado para siempre, vemoslo algo ms detenidamente, siguiendo al citado Bales (2000), quien define al esclavo como “persona retenida mediante violencia o amenazas para ser explotada econmicamente”. Ya que, como ya hemos dicho, la esclavitud es ilegal hoy da en casi todas partes y no puede existir la propiedad legal de seres humanos, “cuando se compran esclavos en la actualidad, no se pide un recibo o un documento de propiedad, pero se adquiere el control sobre esos esclavos y se utiliza la violencia para mantenerlo. Los propietarios de esclavos disfrutan de todas las ventajas de la propiedad sin asumir ningn deber” (Bales, 2000, pg. 6). Y aade Bales (pgs. 10-11): “En nuestra economa global, una de las razones que dan las compaas multinacionales para explicar el cierre de sus fbricas en el primer mundo’ y la creacin de otras nuevas en el tercer mundo’ es el bajo precio de la mano de obra. La esclavitud constituye una parte importante de estos ahorros. Ningn trabajador asalariado, por muy eficiente que sea, puede competir econmicamente con un trabajador forzoso, es decir, con un esclavo”. Y en ltima instancia, la causa de la esclavitud es evidente: actualmente el nico dios al que adoramos es el dinero, de forma que la moralidad del dinero invalida cualquier otra consideracin. El beneficio econmico, y a corto plazo, es el nico “indicador moral” de conducta universalmente aceptado. Todo tiene que ser rentable, y serlo a corto plazo: tal beneficio lo justifica todo, hasta el ms inhumano trato a las personas. Estamos ante la forma ms execrable de exclusin social jams conocida. Y este tipo de exclusin es algo propio y caracterstico de la actual gestin neoliberal de la globalizacin, habindose convertido tambin muchas personas en un material desechable. “All donde se sigue practicando la antigua esclavitud, el cautiverio dura para siempre. Una mujer mauritana nacida en cautiverio tiene muchas probabilidades de seguir siendo una esclava toda su vida. Sus hijos, si los tiene, tambin sern esclavos, y esta situacin se prolongar durante generaciones. Pero hoy da casi todos los esclavos son temporales; algunos slo son esclavizados durante unos meses. No resulta rentable mantenerlos cuando no son de utilidad inmediata. En estas circunstancias, no hay razn para hacer grandes inversiones en su mantenimiento y no tiene mucho sentido asegurarse de que sobrevivan a la esclavizacin. Los esclavos del sur de Estados Unidos reciban un trato espantoso, pero interesaba que viviesen muchos aos. Los esclavos eran como un ganado de lujo: el dueo de la plantacin tena que recuperar la inversin realizada. Tambin interesaba que se reprodujesen con rapidez, pues resultaba ms barato criarlos que comprar esclavos adultos. Hoy ningn patrono est dispuesto a gastar dinero en mantener bebs intiles, por lo que las esclavas, especialmente las prostitutas, son obligadas a abortar. Y tampoco hay razones para cuidar la salud de los esclavos: la medicinas cuestan dinero, y es ms barato dejarlos morir” (Bales, 2000, pgs. 16-17). A los esclavos actuales les alimentan mal y les obligan a trabajar en las peores condiciones, pues si mueren pronto sern reemplazados por un precio prcticamente nulo. Y la nica forma que tenemos de luchar contra tan terrible fenmeno, que no est dejando de crecer, es hacer que no sea rentable, para lo que ante todo debemos conocerlo, denunciarlo y no colaborar a su existencia. As, por ejemplo, “de verdad estamos dispuestos a mirar felizmente cmo nuestros hijos juegan con balones de ftbol fabricados por nios esclavos? Todo el que tiene hijos desea lo mejor para ellos, pero puede comprarse lo mejor para nuestros hijos a costa de los hijos de otros?” (Bales, 2000, pg. 278).

Veamos un paradigmtico ejemplo, particularmente dramtico, de lo que acabamos de decir, siguiendo al citado Kevin Bales (2000): el de las nias que en Tailanda son obligadas a trabajar, como autnticas esclavas, en el campo de la prostitucin, cosa que se ve favorecida por las propias normas culturales y religiosas de ese pas. En efecto, por una parte, la religin tailandesa mantiene que las mujeres son inferiores a los hombres, mientras que, por otra, las normas culturales colocan tanto a los nios como sobre todo a las nias en perpetua deuda con sus padres. “En Tailandia siempre se ha dado por sentado que las nias tienen que contribuir a completar los ingresos familiares y saldar la deuda contrada por sus progenitores. En casos extremos esto significa venderlas como esclavas, sacrificarlas por el bien de la familia. Al mismo tiempo, algunos padres se dan cuenta en seguida del negocio que supone la venta de sus hijas. El pequeo nmero de nias que se vendan antiguamente como esclavas se ha convertido en un aluvin. Este aumento refleja los profundos cambios que se han producido en Tailandia durante los ltimos cincuenta aos, a medida que el pas experimenta el tremendo reajuste de la industrializacin: el mismo proceso que desgarr a Europa hace ms de un siglo” (Bales, 2000, pg. 44), cambios que se hace necesario entender para comprender esa nueva y cruel esclavitud y que estn relacionados con la actual globalizacin. De hecho, ya desde antiguo las familias tailandesas solan vender a sus hijas cuando tenan problemas econmicos, que es precisamente una situacin actualmente generalizada en la poblacin campesina: la creciente y vertiginosa industrializacin de Tailandia, uno de los “dragones” asiticos, hizo subir los precios, mientras que los rendimientos del campo permanecieron estancados como consecuencia de la poltica gubernamental de mantener bajo el precio del arroz para poder de esta manera alimentar a los obreros de la construccin y de la industria de Bangkog. As, el empobrecimiento de la poblacin campesina favorece la prostitucin, pues pueden vender a sus hijas por una cantidad que suele oscilar entre los 750 euros y los 1.800, que son los ingresos de un campesino de todo un ao. A la nia se le dice que sa es la deuda familiar que ella tiene que pagar con su cuerpo, de tal forma que, dado que est convencida de su obligacin con sus padres, ser siempre obediente y sumisa a todo lo que la exijan sus nuevos “propietarios”. A la vez, la televisin -y no slo ella- va vendiendo la sociedad de consumo por todo el pas, con lo que tambin los campesinos desean ardientemente los bienes de consumo de la nueva poca (frigorficos, coches, televisores, mviles, etc.) que se les ofrece todos los das por la pequea pantalla. Y para dar satisfaccin a tal fiebre consumista echan mano del recurso tradicional: venden a sus hijas. Por otra parte, y complementariamente con lo anterior, el propio crecimiento econmico del pas y la acelerada urbanizacin han hecho crecer la demanda de prostitutas: los obreros urbanos, antes trabajadores pobres del campo, ganan relativamente mucho dinero y pueden permitirse el lujo de frecuentar los burdeles, como hicieron siempre los ricos y a ellos les estuvo tradicionalmente vedado. As, y aprovechndose de las costumbres culturales tailandesas, ahora desnaturalizadas por el egosmo de unos padres tambin desnaturalizados por la fiebre consumista, el desarrollismo industrial y tecnolgico tailands utiliza a miles y miles de nias campesinas como prostitutas para parchear los problemas sociales que los bruscos cambios econmicos han originado. Si a todo ello aadimos el “turismo sexual” que fomenta Occidente, no nos extraar que las consecuencias sean realmente terribles: las ganancias de los dueos de los prostbulos son altsimos, calculndose que por cada chica pueden ganar ms de siete millones de pesetas al ao (por ejemplo, “desflorar” a una chica virgen suele costar entre 30.000 y 300.000 pesetas, dado que hay una cierta garanta de que ella no padece SIDA, aunque no la hay en absoluto de que ella sea contagiada). Para las nias, en cambio, los costes son realmente dramticos tanto fsica como psquicamente: las palizas son cotidianas, el contagio de SIDA frecuentsimo, etc. Un alto porcentaje de las nias que salieron de sus aldeas para convertirse en “esclavas sexuales” vuelven pocos aos despus para morir de SIDA, antes de cumplir los 18 los 20 aos, y eso en el caso de que sus familias las admitan en esas condiciones.

Existen otros muchos casos de esclavitud real y en peores condiciones que en pocas pasadas. Pero la situacin es sumamente difcil de solucionar, pues como seala Bales (2000, pg. 349), “dada la penetracin de las empresas multinacionales en los pases en desarrollo, el hecho de que la deuda pueda transformarse en esclavitud est favoreciendo, en ltima instancia, a la economa global”: el beneficio es lo nico que cuenta . Pero nosotros an podemos hacer mucho: otra sociedad es posible, pero no vendr sola, sino que tenemos que ser nosotros, todos nosotros, quienes la hagamos posible. Por consiguiente, si queremos hacer algo para evitar este serio problema tenemos un camino abierto: el beneficio de las multinacionales. “Los esclavistas defendern con violencia sus lucrativos negocios, pero se alejarn de los esclavos y los negocios si stos dejan de darles dinero. La estrategia clave para acabar con la esclavitud es por tanto centrarse en los beneficios” (Bales, 2000, pg. 255). Porque no olvidemos que todos podemos estar lucrndonos de la nueva esclavitud, por ejemplo comprando ciertos productos o incluso, en algunos casos, contratando un fondo de pensiones: cuntos eslabones han de mediar entre el esclavo y el “propietario” para que la responsabilidad de este ltimo pueda darse por extinguida? S que es difcil conocer bien esta compleja madeja oscura de intereses oscuros, pero hasta qu punto la ignorancia es a veces mera excusa? Al fin y al cabo, mientras las bombas caan por cientos cada da sobre Bagdag, Ana Palacio, nuestra ministra de Asuntos Exteriores, deca textualmente: “Las bolsas han subido y el petrleo ha bajado. Ya los ciudadanos pagan unos cntimos menos por la gasolina y el gasleo. Eso son datos”. Para no ser cruel con la ex - ministra, no quiero recordar el precio actual del petrleo. Pero siendo no cruel con ella, sino responsable, me pregunto: De verdad hemos cado tan bajo que mientras mueren tantas personas inocentes y mientras aparecen por doquier nuevas formas de violencia, casi siempre contra los ms indefensos y ms pobres del planeta, sos son los datos que nos interesan, el que el petrleo baje unos cntimos y la bolsa suba unos enteros? Es que de verdad hemos cado tan bajos que las personas ya no nos importan, y que ni siquiera nos importan nuestros nietos y los nietos de nuestros nietos, y ni siquiera nos importa la misma posibilidad de vida en nuestro planeta? Tan irresponsables y tan egostas somos que optamos por dilapidar en pocos aos las riquezas de la Tierra y dejar en la indefensin a quienes vengas despus, slo porque hemos adoptado una ideologa para la que slo cuenta el beneficio econmico y que se basa en el egosmo, el individualismo y la competencia ms feroz? Otro mundo es posible, y de nosotros depende . Depende de nuestra conducta diaria, de nuestro compromiso con los pobres, con el planeta y con el futuro.









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